Una puede enzarzarse en una discusión o enzarzarse a mamporros con alguien o simplemente enzarzarse en una zarza de verdad, como me ocurrió a mí y a mi pandilla de fieles amigas excursionistas este sábado.
Quedar atrapada por una zarza no es moco de pavo, te pinchas toda, te arañas, te enganchas la ropa, el pelo y la mochila y si consigues desenredarte te llevas un bonito recuerdo.
Las zarzas parecen inofensivas, incluso pueden parecerte bonitas, pero tienen muy mala baba.
No os confiéis y nunca os dejéis enzarzar por nada ni por nadie, porque lo que tiene pinchos, pincha.







